El Colegio Que Queremos

Hoy queremos compartir con vosotros una carta, una carta que un grupo de padres y madres ha escrito a su propio colegio. ¿Y por qué? Pues porque al leerla nos hemos dado cuenta de que secundamos muchas de las peticiones expresadas en ella y creemos que merece la pena darle difusión. Esperamos que a ti también te resulte interesante y te de pie a la reflexión.

El Colegio Que Queremos Para Nuestros Hijos.

Queremos un colegio lleno de EMOCIONES, en el que se respire un ambiente cálido y afectivo, que proporcione seguridad y “calorcito” a nuestros hijos. Donde los niños sean mirados como los seres genuinos e irrepetibles que todos y cada uno de los seres humanos somos; donde sus emociones sean escuchadas atentamente y aceptadas por los adultos, sin juzgarlas ni tratar de cambiarlas, sino acompañándoles a la hora de vivenciarlas y compartirlas con los demás.

Donde todas las personas que participen en su proceso educativo, maestros, padres, madres…,  se sientan con la libertad y seguridad necesarias para poder identificar y compartir abiertamente con los otros aquello que les sucede, sus alegrías y satisfacciones, pero también sus temores, frustraciones  y enfados, fruto de la compleja labor llevada a cabo.

Donde no existan frenos para establecer vínculos afectivos positivos entre los maestros y sus alumnos, porque el ser humano se distingue del resto de animales por ser emocional y porque la capacidad de aprendizaje se multiplica cuando aprendemos de otro con el que nos sentimos vinculados.

Queremos un colegio lleno de DISFRUTE a la hora de aprender y también a la hora de enseñar. Albert Einstein, en 1915 le escribía a su hijo de 11 años:

“…Esa es la mejor manera de aprender, cuando estás haciendo algo con tal disfrute que no te das cuenta de que el tiempo pasa. Yo estoy a veces tan enfrascado en mi trabajo que se me olvida la comida a mediodía.

Y para disfrutar aprendiendo entendemos absolutamente necesario partir de los intereses manifestados por los niños y ofrecerles las herramientas para que puedan desarrollarlos al máximo, contemplando la pluralidad y riqueza propia de todo grupo humano, respetando las diferencias manifestadas por cada uno de sus miembros, aceptando que no todos nos interesamos por los mismos asuntos en los mismos momentos y que no todos maduramos al mismo ritmo.

Y para disfrutar enseñando y hacer que los alumnos disfruten aprendiendo, deseamos que los maestros de nuestros hijos den rienda suelta a su capacidad creativa, que sabemos que es mucha, para proponerles actividades de aprendizaje atractivas, motivadoras y con sentido, para realizar tanto en el colegio como en casa, apoyados por nosotros, sus padres, huyendo de propuestas que lleven a los niños a memorizar mecánicamente los contenidos, pero sin saber su utilidad y finalidad última.

Los padres queremos ser partícipes del disfrute de nuestros hijos por aprender, queremos compartir nuestro tiempo con ellos y acompañarles en el descubrimiento y exploración tanto del mundo que les rodea, como del conocimiento científico, pero en ningún caso queremos ser partícipes de obligarlos diariamente a rellenar y rellenar fichas… que acaben generando un conflicto en la familia y que difícilmente promoverán el aprendizaje y disfrute compartidos. Queremos leer cuentos con ellos, llevarles a museos, espacios naturales, teatros, conciertos de música…, guiarles en la búsqueda de información, enseñarles a hacer un uso responsable de las nuevas tecnologías… ¡Maestros, proponednos los temas de trabajo y buscaremos propuestas motivadoras para, entre todos, acompañar a los niños durante su crecimiento y desarrollo! ¡Queremos ir de vuestra mano, nunca contra vosotros!

Queremos un colegio lleno de ACCIÓN, EXPERIMENTACIÓN y JUEGO. En el que nuestros hijos sean los verdaderos protagonistas de su educación y aprendizaje, permitiéndoles relacionarse de manera directa con las materias que tengan que conceptualizar, a partir de los conocimientos previos que ellos tengan respecto a la misma; evitando que ésta llegue a los niños de manera exclusiva a través de un mero transmisor de contenidos, que sean expuestos simplemente de forma oral. Porque el conocimiento no se produce por acumulación de contenidos escuchados y memorizados, sino por las relaciones que se establecen de forma vivencial entre lo que uno ya sabe y lo nuevo por aprender.

Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involucrarme y lo aprendo”, dijo Benjamín Franklin.

En el que se les ofrezca la oportunidad de manipular, ensayar, formular hipótesis… y sobre todo la oportunidad de errar; sí, de cometer errores y fallar, y entonces aprender a tolerar la frustración de no estar siempre en lo cierto, de no ser siempre el primero, y aún así, volver a levantarse, volver a intentar superarse a uno mismo, aceptando y haciéndose aliado tanto de sus capacidades como de sus limitaciones, persiguiendo la excelencia dentro uno.

En el que se les permita y anime a jugar y a evolucionar en su juego (juego funcional, juego simbólico, juego de reglas, juego de construcción…); porque entendemos que es su medio natural para aprender y que les reporta grandes beneficios en todos los aspectos: motor, cognitivo, emocional, social, además de placer y disfrute.

Queremos un colegio que INCLUYA A LA DIVERSIDAD de su alumnado y la valore como algo valioso que contribuye a enriquecer a todo el grupo; en el que las diferencias de sexo, nacionalidad, raza, opción religiosa de la familia…, incluso las diferencias en cuanto a la capacidad cognitiva, la capacidad para la movilidad, o para comunicarse y relacionarse con otros, sean vividas como fuente de riqueza y reflejo de la sociedad plural en la que vivimos, y en la que queremos que nuestros hijos aprendan a convivir. Convivencia apoyada en el respeto de los Derechos Humanos, de los principios democráticos, de la igualdad de oportunidades, de la tolerancia de lo diferente…

En el que nuestros hijos sean guiados para aprender a resolver los conflictos que surgen por el desconocimiento y el miedo a lo diferente; en el que los maestros inviertan también el tiempo en este tipo de situaciones, convencidos de la importancia de enseñar a sus alumnos a relacionarse con los demás para poder contribuir a una sociedad mejor, en la que la colaboración y la cooperación entre los ciudadanos cobren un papel relevante, abandonando la competición como única forma de relación.

Queremos un colegio que inspire en nuestros hijos el AMOR POR EL PENSAMIENTO CREATIVO Y LAS DISTINTAS EXPRESIONES ARTÍSTICAS. En el que nuestros hijos sean formados para ser activos, creativos y emprendedores a la hora de enfrentarse a los problemas, y más aún en tiempos de crisis como los que vivimos, y lo hagan de forma positiva y constructiva: que sean capaces de buscar múltiples respuestas a un mismo problema y valorar lo positivo o negativo de cada una de ellas, que potencien su pensamiento individual y sean capaces de defenderlo frente a la presión grupal, que desarrollen nuevas capacidades y estrategias… Y que en última instancia, valoren la creación artística propia y de los demás (en todas sus manifestaciones: la música, la literatura, la pintura…), como fruto del mundo interior de cada uno. Porque la creación artística eleva la condición del hombre y la mujer hasta lo más alto, y forma parte de la cultura de los distintos pueblos, y es un vehículo estupendo para la conciliación y la paz.

Queremos un colegio que fomente entre sus alumnos el AMOR, RESPETO Y CUIDADO POR EL PLANETA en el que vivimos. Porque creemos que es el bien más preciado con el que cuenta el hombre: del que procede la vida, del que nos nutrimos y alimentamos; y entendemos que nuestros hijos deben de responsabilizarse progresivamente con su cuidado y mantenimiento, teniendo como modelo una forma de hacer compartida por el colegio y por la familia. Un colegio que promueva el contacto con la naturaleza y ofrezca la posibilidad a nuestros hijos de observarla, cuestionarse sobre su evolución y estado actual, aportar ideas para cuidarla; un colegio que enseñe a nuestros hijos a ahorrar en bienes tan preciados como el agua o el papel o la luz; un colegio que inculque el respeto por el resto de seres vivos del planeta.

En definitiva, un colegio que contribuya al desarrollo integral de nuestros hijos como personas plenas de derecho: derecho a crecer y desarrollarse respetando el ritmo individual de cada uno, derecho a jugar y relacionarse con los otros, derecho a ser valorados por lo que cada uno es y no por la eficacia de sus producciones, derecho a elegir, a disentir y a ser guiados para hacer un uso adecuado de su libertad, ¡derecho a ser niños!

[Texto elaborado por el grupo Iniciativa ciudadana por la educación, con motivo de la Conferencia “El reto de educar para el futuro”, celebrada el 21 de febrero de 2015 en Torrelodones (Madrid-España).]

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El Colegio Que Queremos

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Hasta la próxima. Un gran abrazo,

Miguel Ángel Romero y Lola Mendoza

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